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La elección del menú para una boda puede convertirse en una tarea difícil. Dice el dicho que no llueve a gusto de todos y por eso por mucho que queramos que todos los invitados a nuestra boda queden contentos con el banquete, va a ser imposible.

Lo importante a la hora de elegir el menú de la boda es, tener en cuenta, el posible gusto general de la gente, ya que de ello va a depender que la boda sea un gran éxito o no.

Primero debemos conocer con exactitud la gente que asistirá a la boda y analizar qué tipo de edad tienen los comensales, ya que a las personas de más edad les gusta ver los platos llenos de comida y a la gente más joven no las importa descubrir algo más moderno en el plato. Si quieres triunfar deberás elegir algo que no sea un maxi menú ni muy minimalista.

Con los años, los restaurantes han dejado de ofrecer esos menús en los que podías repetir las veces que quisieras, porque a la larga las bodas se han vuelto más sofisticadas y los novios prefieren pagar algo más si la calidad de la comida es mejor. Quién no ha ido a una boda donde el restaurante es de los de siempre y se ha encontrado con que las croquetas parecían hechas desde hace días.

Ahora los menús son más pobres en cantidad pero de más calidad y se suelen servir emplatados, es decir, que sirven la comida directamente en cada plato y recién hecho.

A la hora de elegir, también se debe tener en cuenta la época del año en la que se celebra la boda, ya que no será igual el menú que puedas ofrecer en invierno que en verano.

En verano se puede optar por ofrecer un cóctel de bienvenida, que será de exterior incluso bajo una carpa, o con grandes sombrillas en función de las posibilidades del restaurante. Normalmente se suele más beber que comer por las temperaturas del momento y que no será igual si el banquete es a las 2 de la tarde que a las 8 de la noche.

En invierno, se puede ofrecer un cóctel de bienvenida en el interior del restaurante, y optar por un menú que comienza con algo calentito como una sopa, crema calentita o entremeses calientes.

Después de decidir si nos ponen un cóctel de bienvenida o no, hay que decidir cuántos platos queremos poner ya que podemos elegir entre un entrante, un primer plato de pescado, un segundo de carne y el postre.

El entrante debe consistir en algo que habrá boca a los comensales pero sin excederse porque si resulta excesivo, al final la gente no puede comerse con el mismo interés los siguientes platos. Por lo que sin que sea escaso debemos procurar que sea algo ligero como unos canapés, entremeses fríos y calientes, o incluso algún salpicón de marisco o cremas frías.

En función del presupuesto, se puede optar por poner una pequeña mariscada, incluyendo carabineros, gambas y langostinos o bien una gran mariscada, consistente en cigalas, carabineros, nécoras, gambas y langostinos. Una u otra puede sustituir al plato de pescado o para los que el presupuesto no sea un problema se puede ofrecer después del entrante y antes del pescado.